Contexto sobre Imperio incaico

El Imperio incaico, Imperio inca[2]​ o Tahuantinsuyo (españolización del topónimo en quechua: Tawantinsuyu, lit. ‘las cuatro regiones o divisiones’) fue el imperio más extenso y desarrollado en la América precolombina. Al período de su dominio se le conoce como Incanato o Incario. Surgió en la región de los Andes peruanos entre los siglos XV y XVI como consecuencia de la expansión del curacazgo del Cuzco, siendo la segunda etapa histórica y el período de mayor apogeo de la civilización incaica. Abarcó 2 500 000 km² entre el océano Pacífico al oeste y la selva amazónica y el Gran Chaco en el este, desde el río Ancasmayo (Colombia) al norte hasta el río Maule (Chile) al sur.

Los orígenes del imperio se remontan a la victoria de las multietnias, lideradas por Pachacútec frente a la confederación chanca en Yawarpampa, a mediados...Leer más

El Imperio incaico, Imperio inca[2]​ o Tahuantinsuyo (españolización del topónimo en quechua: Tawantinsuyu, lit. ‘las cuatro regiones o divisiones’) fue el imperio más extenso y desarrollado en la América precolombina. Al período de su dominio se le conoce como Incanato o Incario. Surgió en la región de los Andes peruanos entre los siglos XV y XVI como consecuencia de la expansión del curacazgo del Cuzco, siendo la segunda etapa histórica y el período de mayor apogeo de la civilización incaica. Abarcó 2 500 000 km² entre el océano Pacífico al oeste y la selva amazónica y el Gran Chaco en el este, desde el río Ancasmayo (Colombia) al norte hasta el río Maule (Chile) al sur.

Los orígenes del imperio se remontan a la victoria de las multietnias, lideradas por Pachacútec frente a la confederación chanca en Yawarpampa, a mediados del siglo XV, hacia 1438. Luego de la victoria, el curacazgo incaico fue reorganizado por Pachacútec, con quien el Imperio incaico inició una etapa de continua expansión, que prosiguió con su hijo el décimo inca Amaru Inca Yupanqui, luego por parte del undécimo inca Túpac Yupanqui, y finalmente del duodécimo inca Huayna Cápac, quien consolidó los territorios. En esta etapa la civilización incaica logró la máxima expansión de su cultura, tecnología y ciencia, desarrollando los conocimientos propios y los de la región andina, así como asimilando los de otros estados conquistados.

Luego de este período de apogeo el imperio entró en declive por diversos problemas, el principal la confrontación por el trono entre los hijos de Huayna Cápac: los hermanos Huáscar y Atahualpa, que derivó incluso en una guerra civil. Entre los incas la viruela acabó con el monarca Huayna Cápac, provocó la guerra civil previa a la aparición hispana y causó un desastre demográfico en el Tahuantinsuyo. Finalmente Atahualpa vencería en 1532. Sin embargo su ascenso al poder coincidió con el arribo de las tropas españolas al mando de Francisco Pizarro, que capturaron al inca y luego lo ejecutaron. Con la toma del Cuzco en 1533 culminó el Imperio incaico. Sin embargo, varios incas rebeldes, conocidos como los «Incas de Vilcabamba», se rebelaron contra los españoles hasta 1572, cuando fue capturado y decapitado el último de ellos: Túpac Amaru I.

Los incas consideraban a su rey, el Sapa Inca, como el «hijo del sol». Muchas formas locales de adoración persistieron en el imperio, la mayoría de ellas relacionadas con las sagradas Huacas locales, pero los líderes incas alentaron el culto al sol de Inti - su dios del sol - e impusieron su soberanía por encima de otros cultos como el de Pachamama.

La economía inca ha sido descrita de manera contradictoria por los eruditos: como «feudal, esclavista, socialista». El imperio Inca funcionó en gran parte sin dinero y sin mercados. En cambio, el intercambio de bienes y servicios se basó en la reciprocidad entre individuos, grupos y gobernantes incas. 'Impuestos' consistía en una obligación laboral de una persona para el Imperio. Los gobernantes incas (que teóricamente poseían todos los medios de producción) correspondían otorgando acceso a la tierra y los bienes y proporcionando alimentos y bebidas en las celebraciones de sus súbditos.

Mas sobre Imperio incaico

Historial
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    La primera imagen del Inca en Europa. Pedro Cieza de León. Crónica del Perú, 1553.
     
    Cuadro cusqueño del siglo xvii con los linajes incas mentados por las crónicas coloniales y su relación con las reinas reales del Cusco, que esconden tras de sí una compleja representación de la organización social incaica.
    Fuentes históricas Las crónicas europeas sobre el imperio incaico

    Los primeros vestigios escritos sobre el imperio incaico lo constituyen las crónicas registradas por varios autores europeos (posteriormente existieron cronistas mestizos e indígenas que también recopilaron la historia de los incas); estos autores recopilaron la «historia incaica» basándose en relatos recogidos por todo el imperio.[1]​ Los primeros cronistas tuvieron que enfrentar varias dificultades para poder traducir la historia incaica ya que, además de existir una barrera idiomática, se enfrentaron al problema de interpretar una manera de ver el mundo totalmente distinta a la que estaban acostumbrados.[1]​ Esto condujo a que existan varias contradicciones entre los textos coloniales y un ejemplo de ello lo representan las cronologías sobre los gobernantes incas; así, en muchas crónicas se atribuyen las mismas hazañas, hechos y episodios a distintos gobernantes.[1]

    Sobre las crónicas del imperio incaico, es importante acotar que sus diversos autores tuvieron ciertos intereses al escribirlas. En el caso de los cronistas españoles, su interés fue «legitimar la conquista a través de la historia», para esto en muchas crónicas se señala que los incas conquistaron usando enteramente la violencia y por lo tanto no tenían derechos sobre los territorios conquistados. En otro caso los cronistas ligados a la Iglesia católica buscaron legitimar la evangelización describiendo a la religión incaica como obra del demonio, a los incas como hijos de Noé y tratando de identificar a las deidades incaicas con las creencias bíblicas o el folklore europeo.[1]​ Igualmente existieron otros cronistas mestizos e indígenas que también tuvieron un interés de ensalzar el imperio o alguna de las panacas con las cuales se emparentaban, como el caso del Inca Garcilaso de la Vega, en su obra "Comentarios reales de los incas" quien mostraba un imperio incaico idealizado donde no existía la pobreza, se repartía la riqueza y los recursos se explotaban racionalmente.[2]

    Las fuentes históricas incaicas

    Los ayllus y panacas tenían cantares especiales mediante los cuales narraban su historia. Estos cantares se ejecutaban en determinadas ceremonias frente al Inca. Estos relatos, a manera de memoria colectiva, constituyen los primeros registros históricos recogidos en las crónicas.[1]

    Otro recurso utilizado para registrar la historia fueron unos mantos y tablas que contenían pinturas representando pasajes heroicos. Estos documentos fueron guardados en un lugar denominado Poquen Cancha. Se sabe que el virrey Francisco de Toledo envió al rey Felipe II cuatro paños que ilustraban la vida de los incas añadiendo con sus propias palabras que «los yndios pintores no tenían la curiosidad de los de allá».[1]

    Además, algunos hechos pasados fueron almacenados en los quipus, aunque no se sabe cómo pudieron utilizar estos sistemas de cordeles y nudos para almacenar hechos históricos existen varias crónicas que describen que los quipus servían para evocar las hazañas de los gobernantes.[1]

    En general, en el imperio incaico se recordaban los hechos que les parecían importantes de recordar y no era necesaria la precisión. Además, los gobernantes podían ordenar excluir intencionalmente de los registros históricos algunos hechos que pudiesen molestarles. María Rostworowski denomina a esta cualidad de la historia incaica una «amnesia política» que era asumida por todo el vulgo pero que era recordada por las panacas o ayllus afectados, un factor que contribuyó a las futuras contradicciones en las crónicas europeas sobre los incas.[1]

    La reinvención de tradiciones

    Luego del encuentro de la cultura hispana y la andina, se estableció la escritura como medio de transmisión y registro de información; además se inició un proceso de mestizaje y sincretismo que dieron lugar a la recreación de tradiciones y la invención de otras.[1]

    El aporte para esta recreación e invención de tradiciones fue tanto hispano como andino; esto se evidencia en las crónicas del siglo XVI en donde se describen personajes como el caso de Tunupa y Huiracocha con los apóstoles Tomás y Bartolomé, describiéndolos como hombres blancos y barbados que impartieron enseñanzas. Igualmente el imaginario europeo buscó, e incluso creyeron encontrar, «el dorado» y el «país de las amazonas» en el nuevo mundo. En otros casos, afirmaban que el Cuzco tenía el perfil de un león americano (puma), poniendo similitudes con algunas ciudades del renacimiento europeo que tenían perfil aleonado.[1]​ Más recientemente, en el siglo XX, aparecen otros elementos de esta reinvención de tradiciones, como son los casos de la bandera del imperio incaico y la ceremonia cuzqueña del Inti Raymi.[3]​ Cabe indicar que todas estas reinvenciones, son parte de un proceso natural en todas las culturas, pero para entender la historia incaica es necesario diferenciar cuales son los aspectos sincréticos o inventados y cuales no lo son.[1]

    Antecedentes de la fundación del Imperio Incaico
     
    Durante el Horizonte Medio los waris y tiwanacotas predominaron la región, tras el declive de éstos, dio origen a varias sociedades centralistas, incluida la inca.

    Hacia el año 900 d. C. se inicia la decadencia de los estados Huari y Tiahuanaco en el área central andina. En el caso de Huari, la ciudad de Wari empieza a perder poder político en contraposición a alguna de sus ciudades periféricas, como lo demuestra el caso de Pachacámac situado frente al mar.[4]​ En tanto en el caso de Tiahuanaco, el proceso de decadencia se inicia en sus colonias de la costa de manera sangrienta, como lo evidencia el caso de Azapa;[5]​ en el Collao, en cambio, Tiahuanaco fue perdiendo su poder gradualmente y mientras perdía hegemonía su población fue emigrando y fundando poblaciones nuevas.[5]

    Como una hipótesis sobre la decadencia de Huari y Tiahuanaco, existen evidencias de un prolongado periodo de sequía que duró desde el año 900 d. C. hasta el 1200 d. C. en los Andes centrales.[4]​ Arqueológicamente, existen evidencias de largos procesos migratorios de población a lo largo en los andes durante los periodos post-huari y post-tiahuanaco. La arqueología revela que en los valles interandinos, la población construyó sus asentamientos en lo alto de cerros procurando la seguridad, lo que nos habla de un prolongado periodo de enfrentamientos étnicos. En la costa, en tanto, varios grupos alcanzaban estabilidad política, como lo demuestran los casos de chincha, chimú y los ychsma.[4]

    Este periodo histórico fue plasmado en leyendas y mitos andinos de diferentes maneras. En las tradiciones orales de los Andes se hace referencia a que en el principio los pueblos realizaron largas caminatas buscando tierras fértiles, surgiendo héroes míticos que eran, por lo general, semi-divinos y que iban siendo guiados por seres sobrenaturales (el sol, la luna, etcétera). Estos héroes míticos generalmente tenían algún poder. De esa manera surgen las figuras de Manco Cápac, en el caso fundacional del Cuzco; o Pariacaca en el caso de Huarochirí.[2]

    Los orígenes míticos
     
    Manco Cápac y Mama Ocllo, dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en Nueva crónica y buen gobierno (1615).

    Existen dos mitos difundidos sobre el origen de la etnia cuzqueña. El más difundido es la versión garcilasiana de la pareja Manco Cápac y Mama Ocllo; el otro es el mito de los cuatro hermanos Ayar y sus cuatro hermanas, este último mito es recogido por Betanzos, Waldemar Espinoza, Cieza de León, Guamán Poma de Ayala, Santa Cruz Pachacuti y Sarmiento de Gamboa.[2]

    La leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo

    Leyenda recopilada por el cronista Inca Garcilaso de la Vega en su obra "Los comentarios reales de los incas". En esta se narra la aventura de una pareja, Manco Cápac y Mama Ocllo, quienes enviados por el dios Sol salieron de las profundidades del lago Titicaca (pacarina: lugar de origen sagrado) y marcharon con dirección al norte. Llevaban una vara de oro, entregada por el dios Sol; el mensaje era claro: en el lugar donde se hundiera la vara de oro, allí fundarían una ciudad, allí se establecerían. Justamente la vara se hundió en el cerro Guanacaure, en el valle de Acamama; por lo tanto, la pareja decidió permanecer ahí y a los habitantes de aquellas zonas les informaron que fueron enviados por el dios Inti; y luego procedieron a enseñarles el cultivo de la tierra y el tejido. De ese modo se iniciaría la civilización incaica.

    La otra explicación no legendaria, sino histórica, y por tanto más acorde con la realidad, fue propuesta por Waldemar Espinoza, quien argumentaba de la siguiente manera: "en las postrimerías de la mencionada centuria (siglo XII), el estado de habla puquina, denominado más comúnmente Tiahuanaco, fue asaltado e invadido por inmensas oleadas humanas procedentes del sur (de Tucumán, Coquimbo) en forma tan repentina e impetuosa que no le dejaron tiempo para armar resistencia. Tales invasores, a todas luces, no eran otros que los aymaras." Esta versión nos deja claro que los fundadores de la sociedad incaica procedían del sur y huyeron de la arremetida aimara.

    Casi en su totalidad, la élite Hanan taipicalas fueron aniquilados y los hurin taipicalas, élite sacerdotal, lograron huir y refugiarse en las islas del lago Titicaca. Luego de allí avanzaron al valle los pobladores oriundos como los huallas, alcahuisas, sahuaseras, antasayac, lare, poque, pinaguas y ayamarcas que se opusieron a su establecimiento; para superar dicho conflicto, la élite puquina realizó múltiples estrategias, una de ellas fue la alianza matrimonial, para luego convertirse en una confederación de estados y por último, en un gran imperio andino.

    La leyenda de los Hermanos Ayar

    Fue recopilada por varios cronistas, entre ellos Juan de Betanzos, Felipe Guamán Poma de Ayala, Pedro Cieza de León, Juan Santacruz Pachacuti y Pedro Sarmiento. Según este mito, la historia se inició en tres cuevas ubicadas en el cerro Tamputoco llamadas Maras Toco, Sútic Toco y Cápac Toco; de las cuales salieron tres grupos llamados Maras, Tampus y Ayar. Los hermanos Ayar eran cuatro varones y cuatro mujeres, los varones eran Ayar Uchu, Ayar Manco, Ayar Cachi y Ayar Auca. Uchu corresponde al ají, Manco a un cereal (Bromus Mango) y Cachi a la sal; la onomástica a estos tres nombres nos da a entender a un culto por los productos de la tierra. Auca, en cambio, hacía referencia a la actitud guerrera.[2]

    Estos 4 hermanos iban acompañados por sus hermanas Mama Ocllo, Mama Raua, Mama Ipacura o Mama Cura, y finalmente Mama Huaco.[2]

    Los 8 hermanos iban junto a sus ayllus buscando donde asentarse recorriendo de sur a norte, en su camino realizaban labores agrícolas y cuando cosechaban se retiraban buscando otro lugar. Primero hicieron su paso por Guaynacancha, ahí Mama Ocllo quedó embarazada de Ayar Manco. Luego avanzaron a Tamboquiro, en donde nació Sinchi Roca. Posteriormente llegaron a Pallata y de ahí a Haysquisrro, estos viajes duraron varios años.[2]

    En Haysquisrro conspiraron contra Ayar Cachi; temerosos del poder que ostentaba, pues podía derribar cerros y formar quebradas con el tiro de su honda, le pidieron que regresara Tambotoco a recoger el topacusi (vasos de oro), el napa (insignia) y unas semillas, una vez adentro un enviado llamado Tambochacay lo encerró dentro de la cueva.[2]

    Luego continuaron su viaje hasta Quirirmanta, en donde oficiaron un consejo decidiendo que Ayar Manco sería el jefe pero antes debía casarse con Mama Ocllo; en tanto que Ayar Uchu tendría que petrificarse y transformarse en una huaca que se llamaría Huanacauri, con este acto Ayar Uchu se convertiría en un ser sagrado.[2]

    El viaje continuó hasta Matagua realizando por primera vez el huarachicuy, luego de eso horadaron las orejas de Sinchi Roca. Luego de esto Mama Huaco, probó suerte y lanzó dos varas de oro, una cayó en Colcabamba pero no logró penetrar el suelo; la otra cayó en Guaynapata hundiéndose suavemente. Sobre este acontecimiento, otros autores atribuyen a Ayar Manco el lanzamiento de la vara de oro, pero todas coinciden que fue en Guaynapata donde se hundió el bastón fundacional.[2]

    Después de eso hubo varios intentos de llegar al lugar donde se hundió la vara, pues eran repelidos por los naturales, hasta que Ayar Manco tomó la decisión de enviar a Ayar Auca para que se adelantara con su aillu y poblase esa tierra. El llegar a ese lugar Ayar Auca se convirtió en piedra, en el sitio que posteriormente sería el Coricancha. Luego de varios enfrentamientos con la población local, Ayar Manco y Ayar Uchu llegaron hasta el lugar y tomaron posesión de este, desde ese momento Ayar Manco pasa a llamarse Manco Cápac.[2]

    Investigaciones sobre los mitos fundacionales del Cuzco

    Al respecto de los dos mitos fundacionales, la leyenda de la pareja fundacional (Manco Cápac y Mama Ocllo), surge posterior a la entronización de Pachacútec, pues relaciona una huaca pan-andina, como lo es el lago Titicaca, con la fundación del Cuzco. Garcilaso tradujo el mito planteando una pareja que llegó para civilizar a pueblos bárbaros enseñándoles nuevas tecnologías; el hecho real es que actualmente se sabe que el área central andina ya poseía avances tecnológicos milenarios que fueron difundidos por los estados panandinos de Huari y Tiahuanaco, y que ya eran de conocimiento de los pequeños pueblos que habitaban la zona del Cuzco.[2]

    Si bien ambos mitos narran un éxodo poblacional buscando tierras fértiles, solo el mito de los hermanos Ayar narra la petrificación de personajes y este último relato es muy recurrente en otras etnias del área central andina.[2]

    Sobre la ubicación de las cuevas, Bingham en 1912 comisionó a George Eaton para ubicar las ventanas de Tambotoco, teniendo en cuenta que todavía existe el poblado de Pacarictambo pero la búsqueda de Eaton no encontró las cuevas. Luego en 1945, Jorge Muelle, Luis Llanos y César Lobón recorrieron Mollebamba buscando el sitio de Guaynacancha (en el distrito de Pacarictambo), ahí asoció un grupo de cavernas cerca del peñón de Puma Orqo con las cuevas de Tambotoco. Posteriormente Gary Urton aportó investigaciones sobre el poblado de Pacarictambo, afirmando que fue trasladado en tiempos de la colonia y que era muy posible que su ubicación original hubiese sido cercano a las ruinas de Maukallajta, cercana al sitio encontrado por Muelle, Llanos y Lobón en 1945.[2]

    En general, el relato de los hermanos Ayar nos muestra a un hombre guerrero (Ayar Auca) y a una mujer guerrera (Mama Huaco), dando una visión distinta a la de Garcilaso, en donde el rol femenino está dedicado al tejido, la cocina y el cuidado de los infantes; este mito narra un hecho ocurrido durante una de las tantas batallas para posesionarse del Cuzco, en la que Mama Huaco hiere a un hombre luego le abre el pecho y sopla sus «bofes» haciendo que la gente de Acamama huyera temerosa.[2]

    Origen (histórico) Gobierno de Manco Cápac
     
    El 1.º Inca: Manco Cápac.

    Manco Capac fundó el señorío cuzqueño, aproximadamente el año 1200 d. C. y fue su primer gobernante. Se caracterizó por el dominio de las tribus preincaicas que vivían dispersas en el Cuzco y sus alrededores. Manco Cápac unificó a los huallas, poques y lares, y con ellos se estableció en la parte baja de la ciudad. De este modo se inició la dinastía de los Urin Cuzco. Poco tiempo después ordenó la construcción de la primera residencia de los incas, el Inticancha o Templo del Sol. Su hermana y esposa fue Mama Ocllo.

    Imperio legendario (fase local):Época preestatal: formación

    De escasa movilidad; se tienen pocas noticias de sus sucesivos gobiernos: Sinchi Roca, quien habría gobernado desde 1230 a 1260 sin conseguir una expansión significativa en el entonces reino cuzqueño; Lloque Yupanqui, que culminaría su gobierno en 1290 con el mérito de llegar a concretar diversas alianzas con distintos pueblos circundantes a los incas; Mayta Cápac reconocido por su victoria ante los acllahuiza y que culminaría su gobierno alrededor de 1320; y Cápac Yupanqui, el primer conquistador, a quien se debe la victoria ante los condesuyo. En un golpe de Estado, Cápac Yupanqui derrocaría a Tarco Huamán, sucesor de Mayta Cápac. Este período habría durado aproximadamente 120 años, iniciándose aproximadamente en 1230 d. C. (año en que comienza el gobierno de Sinchi Roca), hasta 1350 d. C. (año en que culmina el gobierno de Cápac Yupanqui tras su envenenamiento por parte de Cusi Chombo en un golpe de Estado organizado por Inca Roca. Quien sería su sucesor, Quispe Yupanqui, también sería asesinado).

    Una visión etnohistórica más general de este período describe que los incas llegaron al Cuzco alrededor del [[siglo XIII]] d. C. y, en el siglo siguiente, lograron imponerse a las poblaciones más cercanas al valle cuzqueño. Desde su llegada al Cuzco, los incas se habrían mezclado con algunos de los pueblos que habitaban el lugar y expulsado a otros. Habrían organizado su predominio al hacer alianzas con distintos curacas estableciendo relaciones de parentesco y al enfrentarse en guerras. A estas prácticas, que continuaron, se sumaron otras como el acopio de excedentes y mano de obra y la práctica de la redistribución. Para entender esta situación habría que considerar, además, que el prestigio religioso que acompañó a los incas fue la piedra angular de la eficacia de todos los mecanismos de expansión que emplearon en esta época.

    Se denomina preestatal a esta etapa, porque en ningún momento surgió en sí una sólida idea de estado o nación incaica; sino aún existía la idea andina de considerarse una macroetnia, si bien esto cambiaría al extenderse significativamente el territorio de la etnia luego del gobierno de Cápac Yupanqui y sus diversas conquistas. El fin de este periodo coincide con el fin de la dinastía de los gobernantes Urin Cuzco (Rurin Qusqu), quienes vieron en Cápac Yupanqui a su último representante.

    Época estatal: gran expansión

    Con Pachacútec se inicia el modelo imperial, con Túpac Inca Yupanqui se expande y con Huayna Cápac se consolida.

    Gobierno de Pachacútec
     
    El 9.º Inca: Pachacútec
     
    Territorios conquistados por Pachacútec.

    Durante su gobierno se inició la expansión territorial, inaugurando de esta manera el periodo imperial al anexionar numerosos pueblos. Pachacútec mejoró la organización del estado, dividiendo el imperio en cuatro regiones o suyus. Por el norte, sometió a los huancas y tarmas, hasta llegar a la zona de los cajamarcas y cañaris (Ecuador). Por el sur sometió a los collas y lupacas, que ocupaban la meseta del altiplano. Organizó a los chasquis e instituyó la obligatoriedad de los tributos.

    Imperio histórico (fase de expansión):- Dinastía Hanan Cuzco: 1438-1471.Gobierno de Túpac Yupanqui
     
    El 10.º Inca: Túpac Yupanqui
     
    Territorios conquistados por Túpac Yupanqui.

    Fue un destacado militar que logró importantes victorias durante el gobierno de su padre Pachacútec. En 1471 asumió el trono y amplió las fronteras del imperio hacia el sur, hasta llegar al río Maule en Chile. También sometió al reino Chimú y a algunos pueblos del altiplano y del norte argentino. Sofocó la resistencia de los chachapoyas y avanzó por el norte hasta Quito. Quiso incursionar en la selva, pero una rebelión de los collas lo obligó a desviarse hacia el Collao. Mejoró la recaudación de los tributos y nombró nuevos gobernantes visitadores (tuqriq). Murió en 1493.

    Imperio histórico (fase de expansión):- Dinastía Hanan Cuzco: 1471-1493.Gobierno de Huayna Cápac
     
    El 11.º Inca: Huayna Cápac
     
    Máxima expansión del imperio al finalizar el gobierno de Huayna Cápac.

    Se le considera el último soberano del incario. Durante su gobierno, continuó la política de su padre, Túpac Inca Yupanqui, en cuanto a la organización y fortalecimiento del estado. Para conservar los territorios conquistados tuvo que sofocar en forma sangrienta continuas sublevaciones. Derrotó a los chachapoyas y anexionó la región del golfo de Guayaquil, llegando hasta el río Ancasmayo (Colombia). Estando en Quito, enfermó gravemente y falleció en 1525. Algunas crónicas españolas postulan que además amplió las fronteras del imperio más hacia el sur, y que incluso habría llegado hasta el río Biobío en Chile; aunque este límite más austral no ha sido comprobado arqueológicamente, y no es aceptado históricamente. Con su muerte se inició la decadencia del imperio.

    Imperio histórico (fase de expansión):- Dinastía Hanan Cuzco: 1493-1525.Crisis de sucesión
     
    El 12.º Inca: Huáscar

    Las crisis de sucesión eran un fenómeno coyuntural que era muy frecuente en la historia política del imperio. El que aspiraba a ser el nuevo soberano debía demostrar que era el «más hábil», tenía que ser confirmado por un oráculo y además tenía que ganar adeptos en las panacas cuzqueñas.[6]

    Huayna Cápac nombró heredero a Ninan Cuyuchi[6]​ (hijo de la Coya Mama-Cussi-Rimay[cita requerida]), pero el sacerdote del sol hizo un sacrificio en el que vio que la suerte no le favorecería a Ninan Cuyuchi. Por ese motivo, cuando Huayna Cápac falleció en Quito, fue llevado en andas hasta el Cuzco manteniendo en secreto la muerte de este, para mantener el orden político. En ese contexto, Raura Ocllo, madre de Huáscar quien se encontraba en Quito junto a Huayna Cápac, viaja rápidamente al Cuzco acompañada de unos cuantos orejones para preparar la entronización de Huáscar. Según María Rostworowski, fue Raura Ocllo quien convenció a las panacas cuzqueñas para nombrar como sucesor a Huáscar; mientras que Atahualpa se quedó en Quito junto con otros nobles.[7]

    Por su parte, Atahualpa era hijo de Tocto Coca (mujer que pertenecía a la panaca de «Hatun Ayllu»); y al morir su padre ordenó edificar en la localidad de Tomebamba un palacio en su honor. Este hecho enojó al curaca de Tomebamba llamado Ullco Colla, quien envió mensajes a Huáscar acusando a Atahualpa de sublevación; además Atahualpa se quedó en el norte acompañado de varios generales importantes leales a Huayna Cápac, que tenían un aprecio especial por Atahualpa. Luego de este hecho, Atahualpa envió presentes a su hermano Huáscar, pero este último ordenó hacer tambores con los cueros de los mensajeros. Según Rostworowski, Atahualpa fue incitado a rebelarse por los generales de su padre, con quienes había participado en varias batallas contra los nativos del norte.[7]

    En ese contexto ocurrió la rebelión de los «cañaris», quienes tomaron prisionero a Atahualpa encerrándolo en un tambo. La huida de Atahualpa toma un contexto mítico, pues según los oradores Atahualpa fue convertido en amaru (serpiente) por su padre sol, y así logró huir del encierro. Otras crónicas dan cuenta de que fue una mujer quien le entregó una barra de cobre con la que hizo un forado y pudo huir del encierro. Una vez libre, Atahualpa reunió un ejército y asesinó a sus enemigos en Quito y Tomebamba, esta última ciudad fue arrasada en venganza a Ullco Colla; luego avanzó a Tumbes intentando avanzar hasta la isla Puná, pero el curaca de Puná se adelantó y arrasó Tumbes. Con el pueblo de Tumbes arrasado, los primeros españoles pisan el terrorio incaico.[7]

    En tanto, Huáscar trataba de estabilizar su entronización en el Cuzco con el apoyo de las panacas. Sobre Huáscar, los cronistas describen varios errores políticos que fueron menguando el apoyo cuzqueño. Primeramente, no atendió a los ayllus reales como era la costumbre, no asistió a los almuerzos públicos en la plaza del Cuzco (que afianzaban vínculos de reciprocidad y parentesco). Eliminó a los ayllus custodios de su guardia personal y nombró como guardia real a guerreros «cañaris» y «chachapoyas». Huáscar dudaba de la lealtad de las panacas cuzqueñas y se rodeó de otros nobles, bajo el temor de una rebelión de la nobleza cuzqueña amenazó con enterrar las momias reales y quitarle sus tierras a las panacas. Poco a poco Huáscar se iba ganando enemistades en un periodo de intrigas entre la nobleza cuzqueña, en su contraparte Atahualpa iba ganando adeptos.[7]

    Gobierno de Huáscar

    Huáscar no estuvo de acuerdo con el testamento de Huayna Cápac, ya que se creía con derecho de heredar todo el imperio incaico según las leyes, costumbres y tradiciones incaicas. Huáscar se enfrentó en 1531 después de muchos años de paz a su medio hermano Atahualpa, quien también se consideraba legítimo heredero del trono en la región de Quito. Muy pronto importantes regiones del imperio fueron sacudidas por sangrientas batallas entre tropas cuzqueñas y quiteñas, que terminaron con la victoria final de los últimos. Huáscar fue tomado prisionero y muerto posteriormente por orden de Atahualpa.

    Imperio histórico (fase de expansión):- Dinastía Hanan Cuzco: 1525 - 1532.Gobierno de Atahualpa
     
    El 13.º Inca: Atahualpa. Delante de él están Francisco Pizarro y el padre Vicente de Valverde.

    Hijo de Huayna Cápac con la noble incaica Tocto Ocllo Coca. Tras la muerte de su padre, se convirtió en gobernador de la ciudad de Quito. Bien sea al temor que le tenía a su hermano Huáscar o la ambición de convertirse en soberano, luego se proclamó Inca en Quito y así inició la guerra de sucesión incaica. Sus tropas, dirigidas por Chalcuchímac y Quizquiz, derrotaron al ejército de Huáscar en la batalla de Quipaipán (Apurímac) y entraron triunfantes al Cuzco. Enterado de la victoria, Atahualpa marchó a Cajamarca para ser coronado inca. En el trayecto fue aclamado por los pueblos del norte. Sin embargo, al llegar a Cajamarca, fue tomado prisionero por los conquistadores españoles en la emboscada de Cajamarca. Era el año 1532. Este hecho marcó el fin del imperio incaico.

    En contra de lo pensado, Atahualpa (que gobernó de facto entre 1532 y 1533), no forma parte de la capaccuna al nunca ceñir la mascaipacha. Por lo tanto es impropio llamarle Sapa Inca, como algunas veces se le titula. Quito fue incendiada por completo por el general Rumiñahui en 1534, antes de la llegada de los españoles a la ciudad en busca de los tesoros del imperio, y fundada nuevamente por el español Sebastián de Belalcázar sobre las cenizas del pueblo incaico el 6 de diciembre de 1534.

    La caída
     
    Las tropas de Quizquiz se enfrentaron al ejército combinado de Manco Inca y Francisco Pizarro. Pintura de Juan Bravo para la municipalidad del Cuzco.

    Al momento de la llegada de los conquistadores españoles, los Andes se encontraban en una fase decisiva de la guerra civil inca. Los atahualpistas habían arrollado con las fuerzas cuzqueñas hasta capturar la propia capital. Durante su avance, habían cometido numerosas atrocidades contra las etnias y ciudades que habían apoyado al Cuzco de Huáscar; conviene recordar lo perpetrado contra los cañaris en Tomebamba y que el general atahualpista Chalcuchímac estaba a punto de repetir en Hatun Xauxa contra los huancas. Este contexto de superioridad generó un clima de pedantería y soberbia en los ejércitos atahualpistas, particularmente en el propio Atahualpa.

    Esta altanería sería determinante al permitir a los españoles sorprender y capturar a Atahualpa en Cajamarca: un punto de inflexión al dejar a los atahualpistas política, ideológica y militarmente acéfalos, al menos temporalmente. También propinaría un severo golpe a su situación militar, puesto que Quizquiz y Chalcuchímac (los principales generales atahualpistas restantes) se veían imposibilitados de atacar a los españoles debido al temor de que estos ejecutaran a su líder cautivo. Usando a Atahualpa como rehén, los españoles ganarían invaluables tiempo y recursos en su trayecto que tenía como destino al Cusco.

    Muchos de los que habían sufrido las represalias atahualpistas terminaron aliándose con las fuerzas hispanas; destacando etnias como los huancas, cañaris y los propios cuzqueños, cuyos remanentes se vieron revitalizados gracias al cambio de tornas en la situación militar. Los españoles, a fin de ganarse el favor generalizado de los Andes, nombraron una serie de nuevos incas según los procedimientos oficiales del Cuzco. Todos estos factores combinados explican cómo los españoles consiguieron tomar pacíficamente enormes porciones de territorio sin apenas conflictos armados. Inclusive usaban a su favor narrativas propagandísticas para deslegitimar fuerzas contrarias que verdaderamente suponían una amenaza, como los remanentes atahualpistas (que resistieron hasta 1535) y los rebeldes de Vilcabamba (que resistieron hasta 1572).

    No obstante, una considerable porción de poblados, ciudades y etnias se mantuvieron neutrales, manifestando un quemeimportismo ante las fuerzas que cruzaban sus territorios puesto que se encontraban hartas de los continuos años de guerra, los cuales les impedían atender las vitales actividades agrícolas.

    Incas coloniales

    Desde la llegada de los españoles, en su marcha hacia el Cuzco.

    Túpac Hualpa (1533) dos meses, septiembre y octubre. Inca coronado por los españoles, muere antes de llegar a la Ciudad Imperial en el Valle del Mantaro. Manco Inca (1533-1545), Inca coronado por los españoles (1533) rebelado contra ellos (1536) abandona el Cuzco, trasladando su capital primero a Ollantaytambo y luego a Vilcabamba. Paullu Inca (1537-1549), Inca coronado por los españoles durante el gobierno de Manco Inca (1537), que además reinó cuatro años después de la muerte de este, durante el gobierno de Sayri Túpac.Neo-Estado Inca: Incas de Vilcabamba

    Fueron gobernantes de pueblos descendientes de los incas, fue oficialmente la última dinastía incaica, fundada luego de la rebelión de Manco Inca y como última resistencia a los conquistadores españoles.

    Manco Inca hasta su muerte en 1545 Inca de Vilcabamba. Sayri Túpac (1545-1558) Inca de Vilcabamba. Titu Cusi Yupanqui (1558-1571) Inca de Vilcabamba. Túpac Amaru I (1571-1572) Inca de Vilcabamba.a b c d e f g h i j k Rostworowski Tovar, María (octubre del 2010). «1. La historia de los incas». Incas. Biblioteca Imprescindibles Peruanos. Perú: Empresa Editora El Comercio S. A. - Producciones Cantabria S.A.C. pp. 17-25. ISBN 978-612-4069-47-5.  a b c d e f g h i j k l m n Rostworowski Tovar, María (octubre del 2010). «2. La ocupación del Cusco». Incas. Biblioteca Imprescindibles Peruanos. Perú: Empresa Editora El Comercio S. A. - Producciones Cantabria S.A.C. pp. 26-35. ISBN 978-612-4069-47-5.  Rostworowski Tovar, María (octubre del 2010). «1. La historia de los incas». Incas. Biblioteca Imprescindibles Peruanos. Perú: Empresa Editora El Comercio S. A. - Producciones Cantabria S.A.C. p. 25. ISBN 978-612-4069-47-5. «... así aparecen como productos del siglo XX elementos como la famosa bandera del Tahuantinsuyu y la celebración del Inti Raymi, que realmente no encuentran asidero en ninguna fuente prehispánica o colonial temprana. La fiesta más importante de los incas se sabe que fue el Cápac Raymi, que se celebraba alrededor del solsticio de diciembre; mientras que el arco iris, si bien fue un elemento alegórico típico de los incas, no fue utilizado en forma de bandera bajo ninguna circunstancia. »  a b c Julián Santillana (2000). «Los estados panandinos: Huari y Tiwanaku». En Teodoro Hampe Martínez, ed. Historia del Perú. Culturas prehispánicas. Barcelona: Lexus. ISBN 9972-625-35-4.  a b Martti Pärssinen (2003). «Copacabana: ¿El nuevo Tiwanaku? Hacia una comprensión multidisciplinaria sobre las secuencias culturales post-tiwanacotas de Pacasa, Bolivia». En Ana María Lorandi, Carmen Salazar-Soler, Nathan Wachtel, ed. Los Andes: 50 años después (1953-2003) - Homenaje a John Murra (1 edición). Perú: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. pp. 229-280. ISBN 9972-42-592-4.  a b Error en la cita: Etiqueta <ref> no válida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas incas-rostw-hereditario a b c d Rostworowski Tovar, María (octubre del 2010). «7. El derecho hereditario y la mascapaicha». Incas. Biblioteca Imprescindibles Peruanos. Perú: Empresa Editora El Comercio S. A. - Producciones Cantabria S.A.C. pp. 98-101. ISBN 978-612-4069-47-5. 
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