Alcazaba de Málaga

Alcazaba de Málaga

La alcazaba de Málaga (del árabe al-qaṣbah, قصبة, al qasbah, 'ciudadela') es una fortificación palaciega de la época islámica, construida sobre una anterior fortificación de origen fenicio-púnico.[2]​ Se encuentra en las faldas del monte Gibralfaro, en una posición elevada pero contigua y unida al centro histórico de la ciudad, lo que constituía la antigua madina de Mālaqa, y en cuya cumbre se halla el Castillo de Gibralfaro.

Ocupaba el extremo oriental del desaparecido recinto amurallado de la ciudad, de manera que los frentes de mediodía, poniente y norte quedaban a intramuros. Su superficie actual de 15 000 metros cuadrados no alcanza ni siquiera la mitad del tamaño que poseía en su época de esplendor, como demuestran los planos históricos conservados.

Según el arquitecto restaurador, Leopoldo Torres Balbás, la Alcazaba de Málaga es el pro...Leer más

La alcazaba de Málaga (del árabe al-qaṣbah, قصبة, al qasbah, 'ciudadela') es una fortificación palaciega de la época islámica, construida sobre una anterior fortificación de origen fenicio-púnico.[2]​ Se encuentra en las faldas del monte Gibralfaro, en una posición elevada pero contigua y unida al centro histórico de la ciudad, lo que constituía la antigua madina de Mālaqa, y en cuya cumbre se halla el Castillo de Gibralfaro.

Ocupaba el extremo oriental del desaparecido recinto amurallado de la ciudad, de manera que los frentes de mediodía, poniente y norte quedaban a intramuros. Su superficie actual de 15 000 metros cuadrados no alcanza ni siquiera la mitad del tamaño que poseía en su época de esplendor, como demuestran los planos históricos conservados.

Según el arquitecto restaurador, Leopoldo Torres Balbás, la Alcazaba de Málaga es el prototipo de la arquitectura militar del periodo taifa, siglo XI, con su doble recinto amurallado y gran cantidad de fortificaciones, siendo su único paralelo el castillo del Crac de los Caballeros, fortaleza levantada en Siria por los Cruzados entre los siglos XII y XIII.[3]

Este palacio-fortaleza es uno de los monumentos históricos de la ciudad, un espacio muy visitado por conjugar historia y belleza en un mismo recinto.

De época musulmana, está situada a los pies del monte Gibralfaro, donde se encuentra el castillo defensivo andalusí al que estaba unido por un pasillo resguardado por murallas llamado La Coracha; junto al Teatro romano de Málaga y frente al Palacio de la Aduana, es una oportunidad para ver en solo unos metros la unión de las culturas romana, andalusí y renacentista, lo que convierte a este rincón en un lugar muy especial.

 
Vista desde calle Alcazabilla.

La Alcazaba que se puede contemplar actualmente es el resultado de un largo proceso histórico que podría dividirse en cuatro etapas: el periodo andalusí, del siglo X al siglo XV; tras la Reconquista a finales del siglo XV hasta el siglo XVIII; el del abandono de su estructura militar y deterioro, que abarcaría el siglo XIX hasta los comienzos del siglo XX; y el de su recuperación como Monumento Histórico Artístico desde la década de 1930 hasta nuestros días.

Algunos historiadores musulmanes afirman que fue el rey de taifas bereber, Badis ben Habús, quien ordenó construir la Alcazaba usando para su embellecimiento mármoles, columnas y estatuas del teatro romano adyacente, pero otros estudios ponen en tela de juicio esta afirmación ya que existen indicios que plantean que, en vez de una labor de construcción se trató de una restauración de un antiguo recinto amurallado de origen fenicio.[1]​ Asimismo, anteriormente a Ben Habús, la dinastía Hammudí, últimos califas de Córdoba y reyes de la Taifa de Málaga, que trasladaron durante la Fitna de al-Ándalus la corte califal a Málaga, utilizaron el recinto de la Alcazaba y sus estancias como residencia palaciega.

Los almorávides irrumpieron en ella en 1092 y los almohades en 1146. Posteriormente, en 1279, es rendida a Muhammad II Ben al-Ahmar y pasa a formar parte del Reino nazarí de Granada.

Durante la Reconquista, la Alcazaba constituyó un infranqueable bastión nazarí en la toma de Málaga por Fernando el Católico, quien tras vencer y conquistar a El Zagal en Vélez, sitió la ciudadela que estaba en manos del Hamet el Zegrí y sus gómeres. El asedio comenzó el 5 de mayo de 1487 y no logró derrotar al Ejército nazarí constituido por 3.000 gómeres y 8.000 hombres armados. El 18 de agosto Alí Dordux, tras negociar su ciudadanía como mudéjar, rinde la Alcazaba, pero bajo el mando de El Zegrí y Alí Derbal, el Alcázar de Gibralfaro resistió dos días más hasta sucumbir por el hambre y la sed. El 19 de agosto entraron en la ciudad los Reyes Católicos, izando la cruz y el Pendón de Castilla en la Torre del Homenaje de la Alcazaba. El rey Fernando entregó a Málaga la imagen de la Virgen de la Victoria, talla de origen alemán regalada por el emperador Maximiliano I del Sacro Imperio Romano Germánico al monarca español, que desde ese momento se convirtió en patrona de la ciudad.

Aunque existen testimonios sobre su buen estado de conservación hasta 1675, con el paso de los años la ciudadela padeció un largo proceso de deterioro, siendo especialmente dramáticos el terremoto de 1680 y el bombardeo de la ciudad que hicieron nueve buques franceses desde la Bahía de Málaga en 1693, en el transcurso de la Guerra de los Nueve Años. Entre 1733 y 1735 el alcaide de la Alcazaba, Francisco Antonio de Unzaga Amézaga y Aperribay, dio licencia para que las clases populares oyesen misa en el oratorio de la capilla-mezquita de San Gabriel de la Alcazaba, es por lo que este alcaide solicita al rey que esta capilla, situada en la calle del Zagal, próxima al teatro romano y que habría sufrido mucho en los terremotos de 1693, pudiera restaurarse gracias a la gestión ilustrada de Unzaga. Sus arcos andalusíes se conservaron hasta el bombardeo de 1937, en el transcurso de la Guerra Civil Española. Entre 1787 y 1792 el teniente general Luis de Unzaga y Amézaga, Presidente de la Junta de Reales Obras y como gobernador de la Comandancia general de las costas del Reino de Granada que incluía la provincia marítima de Málaga, ordenó diversas labores de acondicionamiento de la Alcazaba y Gibralfaro para que sus guarniciones militares pudieran recibir agua potable[2]

Durante la Guerra del Rosellón en 1794 fue presidio para 479 franceses y se erigió en el recinto, por orden del Secretario de Estado Manuel Godoy, el Hospital Real de San Luis. Más tarde, los muros exteriores y parte del recinto interior fueron usados para caserío. No fue hasta las primeras décadas del siglo XX cuando comienzan los trabajos de rehabilitación, especialmente desde la década de 1930. Los principales responsables de estas labores fueron, entre otros, el crítico de arte Ricardo de Orueta, los arquitectos José Joaquín González Edo, Leopoldo Torres Balbás, Fernando Guerrero-Strachan Rosado y Francisco Prieto Moreno, y el investigador y académico Juan Temboury, todos bajo el auspicio del gobernador civil en aquel momento, Emilio Lamo de Espinosa.[3]

Error en la cita: Etiqueta <ref> no válida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas dialnet.unirioja_1 Cazorla Granados, Frank (Coord. y autor), García Baena, Rosa, Polo Rubio, J. David, Reder Gadow, Marion (Prólog.), El gobernador Luis de Unzaga (1717-1793) Precursor en el nacimiento de los EEUU y en el liberalismo, Fundación Málaga/Ayuntamiento y Diputación de Málaga, 2019, pp.37-38, 128-145. Candau, M.E., Díaz Pardo, J.I. y Rodríguez Marín, F., Guía de Arquitectura de Málaga, Ed. bilingüe [1.ª Ed.] - Sevilla: Consejería de Obras Públicas y Transportes, Málaga - Colegio de Arquitectos, 2005. ISBN 84-8095-403-5, págs 178-179.
Fotografías por:
Pedro J Pacheco - CC BY-SA 4.0
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