Coricancha

Coricancha,[1][2][3][4][5]Koricancha,[6][7][8][9]Qoricancha[10]​ o Qurikancha[11]...Leer más

Coricancha,[1][2][3][4][5]Koricancha,[6][7][8][9]Qoricancha[10]​ o Qurikancha[11][12]​ (del quechua quri "oro" y kancha "recinto o lugar o espacio cercado", "Recinto dorado")[13]​ fue el templo más importante durante el Imperio incaico, cuyos muros todavía son visibles dentro de la estructura actual y cuyo aspecto exterior cambió por completo durante el proceso de colonización. El yacimiento se encuentra en la ciudad de Cuzco en el Perú.

 Coricancha antes del terremoto de 1950 que azotó al Cuzco.

Originalmente nombrado Intikancha o Intiwasi,[1]​ fue el principal templo inca dedicado al Inti, y está ubicado en la antigua capital inca del Cusco. La mayor parte del templo fue destruido después de la guerra del siglo XVI con los conquistadores españoles, ya que los colonos también lo desmantelaron para construir sus propias iglesias y residencias. Gran parte de su mampostería se utilizó como base para el Convento de Santo Domingo del siglo XVII que fue reconstruido después de que el terremoto de 1650 destruyera el primer convento de dominicos.

Para construir Coricancha, el Inca utilizó mampostería y sillería, construyendo a partir de la colocación de piedras cuboides de tamaño similar que habían cortado y moldeado para este propósito.[2]​ El uso de sillería hizo que el templo fuera mucho más difícil de construir, ya que el Inca no utilizó ninguna piedra con una ligera imperfección o rotura.[2]​ Al elegir este tipo de mampostería, el Inca demostró intencionalmente la importancia de la construcción a través de la extensión del trabajo necesario para construir la estructura.[2]​ A través del arduo trabajo necesario para construir edificios con sillería (mampostería es piedra puesta con las manos, sillería son grandes bloques), esta forma de construcción llegó a significar el poder imperial del Inca para movilizar y dirigir la fuerza laboral local.[2]​ La réplica en toda la América del Sur andina de las técnicas arquitectónicas incas, como las empleadas en Coricancha, expresó el alcance del control inca sobre una vasta región geográfica.[2]

Pachacútec Inca Yupanqui reconstruyó Cusco y la Casa del Sol, enriqueciéndola con más oráculos y edificios, y agregando planchas de oro fino. Proporcionó jarrones de oro y plata para las Mama-cunas, mujeres enclaustradas, para usar en los servicios de veneración. Finalmente, tomó los cuerpos de los siete incas fallecidos y los adornó con máscaras, tocados, medallas, brazaletes y cetros de oro, colocándolos en un banco de oro.[3]: 68–69, 75 

El templo poseía muchas divinidades al interior, pero en diferentes nichos, y como principal, el Dios del Sol (Inti), representado por una figura masculina llamado Punchaocanchiq, en tamaño real hecho de oro, y en otros como la diosa Luna (Mama Quilla) representada por una figura femenina hecha en plata. Además en el patio central se encontraban vicuñas, aves, árboles, plantas como el maíz, etc, todo en tamaño real hecho de oro y plata.

Las paredes una vez estuvieron cubiertas de láminas de oro,[4]: 218–219  y el patio adyacente estaba lleno de estatuas de oro. Los informes españoles hablan de una opulencia que era "increíblemente fabulosa". Cuando los españoles en 1533 requirieron que el Inca recaudara un rescate en oro por la vida de su líder Atahualpa, la mayor parte del oro se recogió en Coricancha.[5]

Los colonos españoles construyeron el Convento de Santo Domingo en el sitio, demoliendo el templo y utilizando sus cimientos para la iglesia. También utilizaron partes del edificio para otras iglesias y residencias. La construcción tomó casi un siglo. Este es uno de los numerosos sitios donde los españoles incorporaron mampostería inca en la estructura de un edificio colonial. Grandes terremotos dañaron severamente la iglesia, pero los muros de piedra inca, construidos con enormes bloques de piedra fuertemente entrelazados, aún se mantienen en pie debido a su sofisticada mampostería de piedra. Cerca hay un museo arqueológico subterráneo que contiene momias, textiles e ídolos sagrados del sitio.[1]

Esta obra inca, en la cual quedan pocos cimientos, resistió tres terremotos (1650, 1749 y 1950) sin sufrir mayor daño, a diferencia del templo español que se hizo pedazos. Después del suceso de 1950, en 1956, se inició la reconstrucción del templo de Santo Domingo (bajo la supervisión de la UNESCO) con algunas modificaciones, dando preferencia en exponer los muros incas, formando así una cubierta en la mayoría de las partes de los muros de Qorikancha.[6]

a b Qorikancha, A Homage to the Mystical, Magical, most Famous and Oldest City of the American Continent a b c d e Carolyn Dean, “The Inka Married the Earth: Integrated Outcrops and the Making of Place,” The Art Bulletin 89, no. 3 (2007): 502–18. de Gamboa, P.S., 2015, History of the Incas, Lexington, ISBN 9781463688653 Prescott, W.H., 2011, The History of the Conquest of Peru, Digireads.com Publishing, ISBN 9781420941142 Cieza de León, Pedro (1998) [ca. 1553]. The Discovery and Conquest of Peru. Chronicles of the New World Encounter. Translated and edited by Alexandra Parma Cook and Noble David Cook. Duke University Press. ISBN 0-8223-2146-7.  Cuervo Álvarez, Benedicto (23 de marzo de 2016). «El templo de Koricancha». Otro Mundo Es Posible. Consultado el 1 de febrero de 2020. 
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