Monumento a la Revolución (México)

El Monumento a la Revolución es una obra arquitectónica y un mausoleo dedicado a la conmemoración de la Revolución mexicana. Es obra del arquitecto Carlos Obregón Santacilia, quien tomó la estructura de la Sala de los Pasos Perdidos del malogrado Palacio Legislativo Federal del arquitecto francés Émile Bénard para edificar el monumento, concluido en 1938. Actualmente es uno de los más simbólicos en la Ciudad de México, y forma parte de un conjunto integrado por el propio monumento, la Plaza de la República y el Museo Nacional de la Revolución. Se localiza en la Colonia Tabacalera de la alcaldía Cuauhtémoc, cerca del Centro Histórico de la Ciudad de México.

En 1897, el presidente Porfirio Díaz lanzó una convocatoria para la construcción de un Palacio Legislativo, mismo que albergaría además de las cámaras de senadores y diputados, dependencias de gobierno y oficinas. No resultó ganador del primer lugar ninguno de los participantes, y tras abundantes escándalos y conflictos por dicho concurso, el gobierno del presidente Díaz designó al arquitecto francés Émile Bénard como el encargado de diseñar y edificar un fastuoso recinto para los diputados y senadores, mas este arquitecto nunca vio su sueño materializado, ya que la obra fue cancelada tras el derrocamiento de Díaz por la Guerra de la Revolución Mexicana. La realización de este proyecto, de haberse construido, tendría mayores dimensiones que el Capitolio de Washington D. C.[1]​ El sitio elegido para la edificación fueron unos terrenos pantanosos cerca de la colonia Tabacalera y del Paseo de la Reforma.[1]

 Maqueta del Proyecto de Palacio Legislativo, cuya estructura sería usada para elaborar el monumento.

La primera piedra para la construcción del Palacio Legislativo Federal fue puesta por el presidente Porfirio Díaz el 23 de septiembre de 1910 como parte de los festejos del Centenario de la Independencia de México. Debido a los retos que suponía la cimentación del edificio en un terreno inestable la estructura metálica se construyó sobre una cama de 17 000 pilotes, la estructura metálica fue hecha de acero por Miliken Bros, en Estados Unidos.

La construcción se detuvo ante el inicio de la Revolución Mexicana. El gobierno del nuevo presidente Francisco I. Madero una vez en el poder continuó con las obras, pero tras su fallecimiento finalmente se interrumpió la construcción. Años después de abandono, la estructura de acero quedó abandonada y en permanente desgaste.[1]​ Émile Bénard volvería a México para intentar dar vida a su proyecto en 1922 proponiendo un monumento a los grandes hombres de la lucha de la revolución, llamándole Panteón a los Héroes. El presidente electo Álvaro Obregón aceptó su proyecto, pero fue asesinado en 1928, un año después falleció el arquitecto Bénard.

La estructura deteriorada se comenzó a desmantelar para usar el material en vías férreas, pero en 1933, cuando el arquitecto Carlos Obregón Santacilia pasaba por el lugar, vio que la estructura central de lo que iba a ser la (Sala de los Pasos Perdidos[1]​) del palacio, estaba en perfectas condiciones, por lo que sugirió al Ingeniero Alberto J. Pani[2]​ aprovechar la única parte aprovechable del malogrado palacio para honrar a la entonces recién concluida Revolución mexicana. El propio arquitecto Obregón Santacilia creció cerca del monumento, en la calle de Vallarta, por lo que conocía a pleno el terreno.

 Imagen que ilustraba en color el aspecto planeado para el proyecto final del Palacio Legislativo.

Carlos Obregón Santacilia había realizado previamente obras como las oficinas del Banco de México entre 1925 y 1926 y la Secretaría de Salud, de 1926 y 1929, ambas en la Ciudad de México. Por ello tenía acceso a la presentación de ideas de obras públicas, pero esta propuesta inicialmente fue rechazada por Pani, quien tenía una idea previa de hacer un monumento a la revolución.[3]​ Dicha propuesta fue aceptada luego de que Pani consiguió convencer a Plutarco Elías Calles de involucrarse en el proyecto y convencer al presidente Abelardo Rodríguez.

La adaptación de la estructura de la Sala de Pasos Perdidos en Monumento a la Revolución Mexicana abarcó de 1933 a 1938. Entre los cambios que se realizaron fue recubrir la cúpula con láminas de cobre y remover el águila que remataba la linternilla de la cúpula monumental, que se trasladó al actual Monumento a La Raza al norte de la ciudad. Obregón Santacilia dio un estilo sobrio art déco vigente en esa época, con un contraste notorio entre las piedras usadas de cantera de color claro y piedra volcánica negra. Otros elementos alineados a este estilo son las 18 lámparas reflectoras que circundan a la plaza de la República, y las 4 astas banderas de ese mismo estilo, así como los grupos escultóricos «La Independencia», «Las Leyes de Reforma», «Las Leyes Agrarias» y «Las Leyes Obreras» y las águilas diseñadas y ejecutadas por el escultor mexicano Oliverio Martínez de Hoyos, y las lámparas del mismo monumento.[1]

El Monumento a la Revolución a cien años de ser inaugurada su construcción, con una inversión estimada en 360 millones de pesos para su remodelación, el 20 de noviembre de 2010, se reinauguró como parte de los festejos del Centenario de la Revolución. Conservando su arquitectura original, han sido renovados el Museo Nacional de la Revolución, el mausoleo, se rehabilitó la fuente adyacente y además fueron restaurados desde la piedra hasta el cobre. Consta de un elevador transparente en el centro, que lleva al mirador que ha sido reabierto al público.

Mausoleo

El 4 de febrero de 1936 se emitió un decreto que otorgaba al monumento la función de recinto funerario. Para este fin, se adaptaron criptas en las columnas donde permanecerían los restos de Venustiano Carranza que fueron trasladados en 1942 del Panteón Civil de Dolores, con motivo de la ceremonia de conmemoración del inicio de la Revolución Mexicana, a este su nuevo lugar.

Los restos fúnebres de Francisco I. Madero fueron traídos del Panteón Francés el 20 de noviembre de 1960. Los de Plutarco Elías Calles, que estaban en el Panteón Civil de Dolores, fueron traídos nueve años más tarde en 1969.

Por lo que respecta a los de Lázaro Cárdenas, han permanecido ahí desde su fallecimiento el 19 de octubre de 1970, en tanto que los últimos que fueron depositados han sido los de Francisco Villa que fueron trasladados desde el Panteón Civil de Hidalgo del Parral, Chihuahua en 1976 y depositados durante la ceremonia anual conmemorativa del movimiento revolucionario; por el momento ya no se planea hacer otra tumba.

a b c d e Guzmán Díaz, José Manuel (2012). «Ciudad, memoria y renovación. La Plaza de la República y su monumento». Bitácora (25). Archivado desde el original el 24 de septiembre de 2015. Consultado el 1 de marzo de 2015.  Urbina, Fabiana. «Datos (y más) sobre el Monumento a la Revolución». WikiMéxico. Archivado desde el original el 2 de abril de 2015. Consultado el 1 de marzo de 2015.  Guzmán Urbiola, Xavier (2004). Un Escultor de la Revolución: Oliverio Martínez de Hoyos: La Pasión de un Académico. Entretiempos. 
Fotografías por:
ismael villafranco - CC BY 2.0
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