Palazzo Reale (Torino)

( Palacio Real de Turín )

El Palacio Real (Palazzo Reale) es un palacio situado en la muy céntrica plaza del Castillo (Piazza Castello), el corazón de la ciudad de Turín (Piamonte), en el norte de Italia. Como su nombre indica, era el palacio real de la Casa de Saboya. Es la primera y más importante de las «Residencias de la casa real de Saboya» declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.[1]

Turín, hoy la capital de Piamonte, fue la capital de la Casa de Saboya desde el siglo XII hasta el XIX. El Palacio Real fue teatro de la política piamontesa durante al menos tres siglos, representando el corazón de la corte saboyana, símbolo del poder de la dinastía y contiene evidencias de su forma de vida aristocrática desde 1645.

Orígenes de la residencia

El Palacio Real de Turín fue, originariamente, un palacio episcopal, con el nombre de Palazzo di San Giovanni, funciones que desempeñó hasta finales del siglo XVI. Este hecho hace pensar en una fundación más bien remota.

Poco se salvó de esta residencia anterior al siglo XVI, aunque debía ser lujosa, puesto que Manuel Filiberto de Saboya, cuando decidió transferir la sede ducal de Chambéry a Turín, en 1562, lo escogió como su resicencia personal, expropiando a su legítimo propietario, después de haber pasado algunos años en el vecino Palazzo Madama e Casaforte degli Acaja, el cual no reunía entonces condiciones suficientes para ser elevado a funciones de corte.

Por ello, en el siglo XVI, el palacio de San Juan se convirtió en Palacio ducal de Turín, un cambio que marcó profundamente la arquitectura de la plaza y de la propia ciudad: la geografía urbanística de la capital saboyana relegó el edificio como límite de la muralla que la rodeaba, haciendo de él un blanco fácil para un hipotético ataque. Carlos Manuel II de Saboya amplió la ciudad partiendo de un lateral del propio palacio, creando así la via Po y llegando hasta la piazza Vittorio Veneto.

El periodo dorado

Con la muerte de Carlos Manuel I de Saboya en 1620, comenzó a surgir la verdadera evolución del palacio, el cual en tiempos del Gran Duque había sufrido modificaciones menores, entre ellas un oratorio circular interno.

El Palacio Real fue erigido para la Madama Reale Cristina de Francia en el siglo XVII por los arquitectos Carlo[1]​ y su hijo Amedeo di Castellamonte.[2]​ Cristina de Francia era regente del ducado a la muerte de Víctor Amadeo, y apreciaba mucho este lugar. Fue, de hecho, decisión suya reconstruir el palacio después de los desastres provocados por el sitio de 1640, que dañaron considerablemente el edificio. Carlo di Castellamonte y su hijo Amedeo realizaron gran parte de la fachada y de los interiores, si bien su obra se ha visto modificada con posterioridad por los retoques ordenados por los soberanos de la misma dinastía a partir de 1722, en honor a los matrimonios de sus primogénitos.

 Víctor Amadeo III: los trabajos que caracterizaron su matrimonio son los más visibles en el Palacio. Vista del Palacio Real desde el exterior de los muros, óleo de Bernardo Bellotto (1745), Galería Sabauda de Turín.

La época dorada propiamente dicha tiene su origen en las grandes celebraciones que siguieron al final de los trabajos de reconstrucción y que se puede considerar ya a partir de 1656, año del final de la ejecución de la imponente y severa fachada de Amedeo di Castellamonte. Pero, bajo el austero reinado de Víctor Amadeo II el lujo parece haber desaparecido de la corte, reducida en número y estando muy censuradas las costumbres y frivolidades.

A partir de 1722, año del matrimonio del heredero al trono, Carlos Manuel, con la princesa palatina Cristina Luisa de Baviera-Sulsbach, el lujo volvió a imperar en la residencia, por lo menos en lo que se refiere a la segunda planta, dedicada por el rey de Sicilia,[3]​ al hijo: los trabajos, en esta fase, fueron dirigidos por Felipe Juvara, habiéndose realizado muchos más después de la abdicación de Víctor Amadeo II, cuando el nuevo soberano se dedicó con gran decisión a la vida mundana.

Un viajero en 1765, reinando Carlos Manuel III, habló sobre el palacio diciendo:

El mobiliario casa con la belleza del apartamento; uno nota quí, entre otras cosas, candeleros cuyos reflectores son espejos con sólidos marcos de plata labrados con mucho gusto. Sólo remarcamos esto, sin embargo, porque esta pieza de mobiliario se usa mucho en los apartamentos italianos, ordinariamente está colocado alrededor del perímetro de la habitación para lanzar más luz ella.

Si para las remodelaciones dedicadas al heredero Carlos Manuel fue llamado a la corte Felipe Juvara, para los matrimonios siguientes el nivel de los encargos no disminuyó: para las bodas de Víctor Amadeo III con María Antonieta de Borbón fue contratado Benedetto Alfieri, el cual ya tenía fama como gran arquitecto en el Piamonte. Más tarde, cuando el segundo hijo de Víctor Amadeo III, Víctor Manuel, duque de Aosta, obtuvo un ala del palacio, fueron Carlo Randoni y Giuseppe Battista Piacenza a rediseñar las salas que actualmente se conocen como «Apartamentos del duque de Aosta» (Appartamenti del Duca D'Aosta).

También Carlos Alberto encomendó obras de remodelación, esta vez para las bodas de Víctor Manuel II con María Adelaida de Habsburgo-Lorena, ocurridas en 1843: el arquitecto, muy apreciado por Carlos Alberto, fue Pelagio Palagi.

Fase final

Con el Risorgimento, el palacio permaneció como sede de la monarquía hasta 1865. La gran Escalera de Honor fue ejecutada en este periodo, más en concreto en el año 1862, según un proyecto de Domenico Ferri. Surgió del deseo de Víctor Manuel II de celebrar el nacimiento de la nueva nación, volviendo, igualmente, el palacio digno del título real: en este amplio ambiente, grandes telas y estatuas ilustran momentos y personajes de la historia saboyana.

Con una gran cantidad de mobiliario y de bienes personales, los Saboya se mudaron al Palacio del Quirinal en Roma, dejando su primera residencia, simplemente, como alojamiento para sus visitas a Turín. El traslado de la capital a Roma redujo drásticamente la importancia del lugar.

Posteriormente fueron ejecutados trabajos para las bodas de Humberto II con María José de Bélgica, en 1930. Con la caída de la monarquía en 1946, estos alojamientos fueron objeto de abandono, lo que requirió que muchas zonas tuvieran que ser profundamente restauradas, como por ejemplo, los apartamentos del duque de Aosta.

Carlo di Castellamonte (Turín, 1560-1641), conde de Castellamonte, arquitecto, ingeniero civil y militar italiano, uno de los principales actores del barroco piamontés y arquitecto del rey. Amedeo di Castellamonte (Turín, 1610–1683) arquitecto, ingeniero civil y militar, hijo del precedente. Víctor Amadeo II fue, de hecho, nombrado Rey de Sicilia después de la victoria en la Guerra de Sucesión Austriaca, convirtiéndose así en el primer rey de la Casa de Saboya.
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