Mamáyev Kurgán

Мамаев курган

( Mamáyev Kurgán )

El Mamáyev Kurgán (en ruso: Мама́ев Курга́н) es la colina que domina desde la altura la ciudad de Volgogrado, en el sur de Rusia. Su nombre en ruso significa el «túmulo de Mamái», el comandante de la Horda de Oro en la década de 1370, aunque no hay evidencia alguna de que estuviera enterrado en ese sitio.

En la actualidad, el Mamáyev Kurgán está convertido en un gran monumento conmemorativo de la victoria soviética en la Batalla de Stalingrado, entre agosto de 1942 y febrero de 1943.[1]​ Este triunfo fue decisivo para la victoria de la Unión Soviética contra las fuerzas del Eje, en el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial.[2]​ En la colina se encuentra la Estatua de la Madre Patria que, en el momento de su apertura en 1967, era la estatua más alta del mundo....Leer más

El Mamáyev Kurgán (en ruso: Мама́ев Курга́н) es la colina que domina desde la altura la ciudad de Volgogrado, en el sur de Rusia. Su nombre en ruso significa el «túmulo de Mamái», el comandante de la Horda de Oro en la década de 1370, aunque no hay evidencia alguna de que estuviera enterrado en ese sitio.

En la actualidad, el Mamáyev Kurgán está convertido en un gran monumento conmemorativo de la victoria soviética en la Batalla de Stalingrado, entre agosto de 1942 y febrero de 1943.[1]​ Este triunfo fue decisivo para la victoria de la Unión Soviética contra las fuerzas del Eje, en el Frente Oriental de la Segunda Guerra Mundial.[2]​ En la colina se encuentra la Estatua de la Madre Patria que, en el momento de su apertura en 1967, era la estatua más alta del mundo.[3]

 
Memorial en honor al 62.º Ejército.
Batalla de Stalingrado

Cuando las fuerzas del 6º Ejército Alemán lanzaron su ataque contra el centro de la ciudad de Stalingrado el 13 de septiembre de 1942, la colina (que aparecía en los mapas como “Cota 102.0”) se transformó en un lugar de combate encarnizado entre los atacantes y las fuerzas defensoras del 62º Ejército soviético. El control de la colina se transformó en un objetivo decisivo, puesto que desde esa posición se domina la ciudad, otorgando el control de ella.

Para defenderla, los soviéticos construyeron una serie de líneas defensivas en las laderas del cerro, incluyendo trincheras, cercos de alambre de púas y campos minados. Los alemanes por su parte presionaron con fuerza sobre la colina, sufriendo gran cantidad de bajas. Cuando finalmente la capturaron, empezaron a bombardear el centro de la ciudad, al igual que la estación Stalingrado-1 que se encontraba en la parte inferior del cerro. Así capturaron la estación el 14 de septiembre.

El mismo día llegó a la sitiada ciudad la 13.ª División de Guardias soviéticos comandada por Alexandr Rodímtsev, atravesando el Río Volga bajo un fuerte fuego enemigo. Los &&&&&&&&&&010000.&&&&&010 000 hombres de la división que tenían como misión socorrer a los defensores, entraron en el mismo día en acción. El 16 de septiembre recapturaron la Mamáyev Kurgán y continuaron luchando por la estación ferroviaria, sufriendo un 30 por ciento de bajas en las primeras 24 horas, pero la orilla del río quedó a salvo (solo 320 hombres de los &&&&&&&&&&010000.&&&&&010 000 iniciales sobrevivieron hasta el final de la Batalla de Stalingrado). Las tropas soviéticas fueron reforzadas, pero eso no amilanaba a los alemanes quienes realizaban hasta doce asaltos diarios, con fieros contraataques rusos.

La colina cambió de manos varias veces. Para el 27 de septiembre de 1942, los alemanes habían recapturado nuevamente el Mamáyev Kurgán. Los soviéticos retuvieron sus posiciones en las laderas de la colina, mientras la 284.ª División de Fusileros sostenía la estratégica posición. Los defensores se mantuvieron hasta el 26 de enero de 1943, cuando la ofensiva de invierno permitió rodear, atrapar y destruir a las fuerzas nazis dentro de Stalingrado. El Mariscal de Campo alemán Friedrich Paulus, jefe del 6º ejército germánico (primer Mariscal de Alemania en rendirse hasta ese momento), se rindió con la mayor parte de sus tropas el 31 de enero, pero la batalla terminó oficialmente el 2 de febrero siguiente, cuando se rindió el último grupo de soldados alemanes que resistía en los escombros de la fábrica de tractores Octubre Rojo.

Cuando la batalla había terminado, la tierra empapada de sangre de la colina estaba abierta y mezclada con gran cantidad de metralla: el suelo contenía entre 500 y 1.250 esquirlas de metal por metro cuadrado. La tierra de la colina permaneció negra durante el invierno, ya que la nieve se derretía a causa de los incendios y explosiones de cañones alemanes y lanzacohetes Katyusha. En la primavera siguiente la colina se mantuvo negra, y ni pasto, ni otras plantas crecieron en la tierra quemada. Las pronunciadas laderas se convirtieron en un terreno plano, producto de los violentos bombardeos. Aún hoy los visitantes encuentran de vez en cuando fragmentos de huesos y metal en las laderas de la colina.

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