Siurana (Priorat)

( Ciurana de Tarragona )

Ciurana de Tarragona[1]​ (oficialmente y en catalán Siurana, también llamada Siurana de Prades) es una localidad española de la provincia de Tarragona, Cataluña. Es un agregado del municipio de Cornudella, en la parte más baja de la sierra de la Gritella, en la comarca de Priorato, en Tarragona.

Orígenes

Los orígenes de Ciurana se remontan a la prehistoria. Pese a que no se conocen restos de construcciones de esa época, en la zona de Ciurana se han hallado, a partir de 1909, restos de un taller de sílex con hachas de piedra pulida, puntas de flecha, fragmentos de vasos campaniformes y materiales de bronce. Según el prestigioso arqueólogo Salvador Vilaseca, Ciurana fue un taller de hojas, es decir, láminas largas y estrechas, de sección triangular o poligonal, con una cara inferior más o menos plana. Respecto a la cronología del yacimiento, puede estar datada hacia el II milenio a. C., con orígenes tal vez anteriores, llegando a alcanzar la Edad del Bronce.

El reino musulmán de Xibrana

Los musulmanes penetraron en la península ibérica el año 711. En 714 ya estaban instalados en lo que actualmente es Cataluña, siguiendo las antiguas vías romanas como itinerario de conquista. La ocupación efectiva del territorio se realizó de forma progresiva, ya que es posible que la primera población musulmana fuese nómada, y no se asentara definitivamente hasta mediados del siglo IX. El territorio de Ciurana de Tarragona no empezó a tener importancia hasta el siglo XI, cuando se convirtió en una defensa de primera línea del Islam, principalmente a partir de mediados de siglo, a causa de los primeros intentos del conde de Barcelona, Ramón Berenguer I, de ocupar la ciudad de Tarragona. Esto provocó la retirada de los musulmanes hacia fortificaciones más seguras en las montañas, retirada definitiva que no tuvo lugar hasta que el conde Ramón Berenguer II hizo un primer intento serio de restaurar la sede de Tarragona, a finales del siglo XI. La situación estratégica de Ciurana era muy importante desde el punto de vista militar, y retrasó durante mucho tiempo el avance cristiano.

 Entrada al castillo y pueblo de Siurana, lugar que corresponde al emplazamiento de la antigua puerta principal y puente levadizo

Las montañas de Prades y buena parte de Priorato conformaban una marca fronteriza organizada en torno al castillo de Ciurana. En esa época, a cada castillo le correspondía un vasto territorio con el mismo nombre que el del castillo y que casi siempre se trataba de un topónimo pre-musulmán (en el caso de Ciurana, del latín Severiana, pasó a Xibrana —árabe— y finalmente, a Ciurana de Tarragona). Según un documento de 1154, los musulmanes de Ciurana afirmaron a los cristianos conquistadores que habían estado ocupando ese enclave por espacio de 284 años. Si esta noticia fuera cierta, la Ciurana de Tarragona sarracena se formó el año 869, fecha hipotética pero probable.

 Castillo de Siurana de Prades Dibujo de una reconstrucción supuesta de la fortaleza musulmana

El castillo de Siurana de Tarragona era el centro de la vida del extensísimo territorio situado bajo su control: buena parte de la actual comarca de El Priorato, así como también del Bajo Campo, el Alto Campo, la Cuenca de Barberà y Las Garrigas. El territorio estaba organizado en alquerías, como La Morera de Montsant u otros dominios privados de mayor o menor entidad, y poblaciones como Cabacés, Albarca, Margalef y tal vez Falset.

*Valiato de *Xibrana (o *Valiato de Siurana). El valiato era el territorio gobernado por un valí o wali. Los árabes denominaban a esta territorio nazar. En Cataluña el último valiato existente fue este de Siurana, que dominaba todas las montañas de Prades, y que constituían una defensa avanzada de los reinos de Taifas de Tortosa, Valencia y Lérida, que consiguió dificultar y frenar el avance de los cristianos.

A partir del castillo de Siurana, su territorio se extendía por varias líneas de torres. Una primera línea defensiva la formaban las torres a las actuales poblaciones de la Morera de Montsant, Albarca, Ulldemolins, Prades, Alforja, la Musara y Albiol; y un segundo círculo, mayor, constituido por el El Vilosell, Vimbodí, Pobla de Ciérvoles, Falset, Pradell, Cabacés, Lloá, la Palma, Torre del Español, Ascó y Vinebre. Habría torres también a Alcover, Arbolí, Bellmunt de Ciurana, Borjas del Campo, Colldejou, la Figuera, Margalef de Montsant, la Torre de Fontaubella y Vilanova de Prades.[1]

La conquista católica

El 17 de febrero de 1146 Berenguer Arnau recibió el castillo y la villa de Ciurana. Esta donación permite suponer un primer intento de conquista de las montañas, que seguramente fracasó, si es que se llegó a intentar. Ciurana se situaba en un lugar prácticamente inexpugnable en aquella época, y probablemente el conde prefirió conquistar lugares con más importancia política y económica. Tarragona fue conquistada en 1118, pero hasta 1146 no se da un verdadero proceso de ocupación del territorio. Tortosa, por su parte, fue conquistada en 1148, y Lérida en 1149. En 1151 los cristianos habían rodeado todo el valiato de Ciurana, quedando la población recluida y rodeada por los cuatro costados. Su caída era solo cuestión de tiempo.

La ocupación de los territorios de Ciurana comenzó el año 1153 y el asedio fue dirigido por Bertran (Beltrán) de Castellet. La fecha exacta de la conquista del castillo no es segura: algunos la fijan el 29 de abril, día en el que el Conde de Barcelona otorga una carta de población a Bertran de Castellet; otros la sitúan el 23 de noviembre del mismo año; y otros el 12 de julio de 1154. En cualquier caso, es seguro que en el mes de septiembre de 1154 Ciurana ya llevaba un tiempo en manos de Bertran.

El carácter casi épico de la conquista del último reducto musulmán dio lugar a leyendas como la de la Reina Mora.

La leyenda de la Reina Mora

Cuenta una leyenda recopilada por el escritor Joan Amades que Ciurana era el dominio de la reina Abd-el-azia, de gran belleza. Los cristianos, liderados por el señor de Tarragona Amat de Claramunt, incapaces de conquistar la población, se sirvieron de la ayuda de un judío, que les ofreció la entrada al castillo. Los cristianos penetraron y mataron a casi toda la población, pero Abd-el-azia, segura de su fortificación, celebraba mientras tanto una fiesta en una de las salas del palacio con la nobleza del lugar. De repente, una flecha entró por la ventana, y se clavó en la mesa. La reina, envuelta en el pánico general y viéndose derrotada, subió a su caballo blanco y se dirigió al precipicio cercano. Perseguida por los cristianos y para evitar que el caballo por instinto se detuviera ante el abismo le tapó los ojos, pero el animal, al darse cuenta del peligro, quiso parar y clavó sus patas en el suelo, de modo que quedó la huella de su herradura en la roca. Otros dicen que las marcas de herradura son del impulso que tomó antes del salto. Sea como sea, la tragedia fue inevitable y hoy en día puede verse clavada en la roca la huella del caballo en el lugar que se denomina el Salto de la Reina Mora.[2]

Otra variante cuenta que la reina estaba bañándose cuando vio la ciudad siendo atacada. Ante la desesperación, salió desnuda del agua y se montó en el caballo para dirigirse al despeñadero.

Pere Balanyà, El Islam en Cataluña, p. 73-77. Joan Amades. «Priorat. "El salt de la reina mora"». www.xtec.cat. Consultado el 17 de septiembre de 2018. 
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